Trump advierte a inmigrantes de caravana: “Los detendremos y no los dejaremos libres”


El presidente endurece el tono contra indocumentados.

El mandatario afirma que EEUU está siendo "invadido" y rechaza recibir a más indocumentados
El presidente Donald Trump dio un discurso en la Casa Blanca para reforzar su rechazo a las caravanas migrantes de centroamericanos, afirmando que “algunos lo llaman una invasión” a los Estados Unidos, “es una invasión”, informó, además de informar que los detendrá y no los dejará libres hasta que sean deportados.
“No permitiermos que nuestra generosidad sea abusada, que vengan a nuestro país ilegalmente”, dijo el mandatario. “Las empresas necesitan trabajadores, pero deben llegar legalmente… Ellos son bienvenidos, pero tienen que hacerlo legalmente”.
El mandatario pidió a los miembros de la caravana que “regresen” a sus países, porque serán deportados si intentan ingresar al país.
Agregó que un alto número de los integrantes de las caravanas, que se originaron en Honduras y El Salvador, están integradas por miembros de la MS-13 y otras pandillas.
También volvió a acusar a los demócratas de permitir “fronteras abiertas” para permitir el ingreso de inmigrantes y de no eliminar las lagunas legales para enfrentar la inmigración de indocumentados.
Destacó que EEUU es el país que más refugiados y asilados recibe, así como residentes legales, a los que dio la bienvenida.
El tono del mandatario contra los inmigrantes ha ido creciendo conforme se acerca la elección intermedia, a realizarse el 6 de noviembre.
“Es un abuso endémico al sistema de asilo”, acusó.
En una entrevista con ABC News, el republicano justificó el envío de hasta 15,000 militares.
“Tenemos que tener un muro de personas”, dijo el mandatario al justificar el envío de hasta 15,000 soldados. “Vienen caravanas que parecen mucho más grandes de lo que se informa en realidad. Soy bastante bueno estimando el tamaño de la multitud; les diré que se ven mucho más grandes de lo que la gente pensaría”.
Los centroamericanos buscan llegar a la CDMX.




JUCHITÁN, Mx. – Los integrantes de la caravana migrante deciden su ruta hacia los Estados Unidos conforme avanzan, por lo que aún es incierto a dónde llegarán, aunque podría ser a Tijuana, por lo pronto su principal objetivo es la Ciudad de México.
“¡No desmayamos, vamos para adelante, somos el pueblo de Israel, Dios nos ayudará!”, grita la guatemalteca Ana Luisa Espinosa y en la oscuridad le responde una multitud.
En el censo que comenzaron ayer en la caravana migrante ya van 2,300, pero seguramente se sumarán miles más. Uno nació anoche en pleno campamento.
“¿Nos rendimos? ¿Nos echamos para atrás?”. La respuesta de la caravana es que no. Lo vienen repitiendo desde antes del 19 de octubre, cuando entraron a México. Ni la migra, ni el río Suchiate los han frenado. Pero han pasado doce días y no están ni a medio camino.
“¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante”, gritan guatemaltecos, hondureños, salvadoreños. Estados Unidos es su tierra prometida, el lugar donde donde creen que van a sanar todas sus heridas: la falta de empleo, la violencia, la corrupción de sus malos gobernantes.
En Juchitán, donde la caravana descansó por dos días, se bañaron, comieron, pidieron limosna, miraron un desfile de catrinas en el centro de la ciudad, y hasta vendieron cigarros a tres por cinco pesos ente la población que los miró con temor.
“Ando de turista en México, man”, dijo un hondureño cuando consiguió hablar con un familiar.
Ya en el campamento, antes de la asamblea, un hombre pasó anunciado las buenas nuevas: “mañana a las tres de la mañana partimos para Jalapa del Marqués, a 40 kilómetros de aquí, después ya se verá”.
Entonces, cientos rodearon la carpa y ahora la asamblea de los migrantes que huyen de la violencia y la miseria tiene un tono evangélico.
Un voluntario se ofrece para hacer una oración, mientras los otros inclinan la cabeza: “ayúdanos Señor, vamos a pasar por pueblos, vamos a pasar por montes peligros, pero sabemos que usted va ir arriba de nosotros y nos va a ir guardando”.
Unos duermen en el edificio de una terminal de autobuses a medio construir, mientras otros hacen largas filas para comer. Otros ponen atención desde las carpas, entre las casas de campaña, plásticos viejos, al aire libre. Mujeres bañan a sus niños en la semioscuridad, algunos jóvenes juegan al futbol, a las cartas, decenas hacen una rueda en torno a los lugares de recarga del celular.
Los niños esperan una película en una pantalla de la Secretaría de Cultura. La noche anterior pasaron “Coco”.
Otros migrantes quieren saber si se consiguieron autobuses para salir mañana, ya que es una hora en auto o más de nueve a pie. Pero nadie responde, ni tampoco si de ahí la caravana intentará llegar a la capital de Oaxaca y de ahí a la Ciudad de México, o si lo hará por Veracruz.
“Eso se decide hasta mañana”, dicen los integrantes de la organización Pueblos Sin Fronteras, que auxilia en este drama humanitario.
La asamblea concluye con el tono religioso. “Nosotros somos evangélicos, y esto es como el éxodo de Israel, que padeció hambre, que padeció dolor, muerte, hasta que se fue en éxodo a buscar una mejor vida”, dice Ana Luisa.
La Guatemalteca, una de las voluntarias en la coordinación de la caravana, niega que el destino final sea Estados Unidos. “Vamos a la Ciudad de México, vamos ahí nada más”.
Fuente: E lDiario.
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