MÁXIMO GÓMEZ Tu nombre habrá de ser



Máximo Gómez, el Generalísimo. Foto: Archivo de Granma
Sin Máximo Gómez Báez no es posible hablar o escribir de la historia de Cuba y su lucha por la independencia del colonialismo español en la segunda mitad del siglo XIX.
A golpe de machete, pólvora, plomo de fusil, con la llama y el humo de la tea incendiaria, por su coraje, tenacidad, astucia, audacia, temeridad, valor y a costa de un enorme sacrificio, con miles de jornadas en su cabalgadura, ganó por mérito propio la alta responsabilidad política y militar de ocupar el cargo de mayor jerarquía en el Ejército Libertador de Cuba, fue su General en Jefe.
Por su ejemplar actuación y hazañas militares pasó a ocupar un lugar muy merecido en la gloria y un espacio prominente en la historia de Cuba y de América y es merecedor del cariño, respeto y agradecimiento del pueblo cubano. 

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Fue el único entre los integrantes de la máxima dirección de la Revolución del 95 que logró llegar hasta el final. En aquel difícil y angustioso camino cayeron por la independencia de la Patria figuras de la estirpe de José Martí, Antonio y José Maceo, Flor Crombet, Guillermo Moncada, Francisco Paquito Borrero, Serafín Sánchez, Juan Bruno Zayas..., al final de la contienda falleció el Mayor General Calixto García.
En diciembre de 1896, al confirmar la muerte en el trágico combate de San Pedro del General Antonio Maceo y su hijo Panchito Gómez Toro, escribió en su Diario de Campaña: «¡Triste muy triste, más que desgraciado ha sido para mí, el año 96! Me deja acongojado y maltrecho. (...) Y es que pienso que es en vano, que el hombre todo lo sacrifique por el bien social; pues las sociedades siempre serán ingratas».
Aquellas proverbiales palabras del viejo mambí se hacían realidad en marzo de 1899, cuando el país se encontraba intervenido y ocupado militarmente por fuerzas estadounidenses, se regía por un gobernador militar impuesto por el presidente de dicho país y se gestionaba el desarme y licenciamiento de las fblea del Cerro en cuanto a las condiciones que se planteaban.

Entre los asambleístas había una buena representación de veteranos generales y jefes mambises, que decidieron por mayoría destituirlo de su cargo de General en Jefe del Ejército Libertador; fueron pocos los que estuvieron a favor del destacado jefe insurrecto. Fuerzas insurrectas, que fueron causa de las discrepancias entre Gómez y los representantes de la Asamblea.
El viejo guerrero había dicho: «Yo he hecho la guerra a España, no a los españoles, a quienes respeto, y quiero verlos unidos a los cubanos para que todos terminemos esta obra que ya toca a su fin. Los españoles y cubanos deben abrazarse olvidando rencillas que ya pasaron para no volver, y unidos todos ir hasta el fin que nos proponemos, hacer a Cuba independiente o libre para servir de lazos de cariño, del amor y el trabajo».
                                                      Generalisimo,  Maximo Gomez Baez
Máximo Gómez nació en Baní, República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836. Cuando llegó a Cuba el 13 de junio de 1865, no era más que un oscuro comandante de las reservas provinciales dominicanas, que había sostenido su bautismo de fuego en los campos de Santomé (1855), cuando tenía apenas 19 años, acción en la que fue derrotada la última invasión haitiana contra su patria. Durante la guerra de Restauración (1864-1865) sirvió bajo la bandera española como jefe de pequeñas unidades de caballería.
Sobre estos hechos el propio Gómez en sus notas autobiográficas escribió: «Joven yo, ciego y sin verdadero discernimiento político para manejarme dentro de aquella situación, más que difícil oscura, porque realmente la Revolución se presentó más que defectuosa, enferma, fui inevitablemente arrastrado por la ola impetuosa de los sucesos, y me encontré de improviso en Cuba (...), así viví en Cuba cuatro años arrastrando una existencia oscura y triste, cargado con los recuerdos de la Patria y la amargura de los desengaños. (...) Cuba,  país de esclavos; no había conocido yo tan fatídica y degradante institución y ni siquiera había podido tener una idea cabal de lo que era eso (...) muy pronto me sentí yo adherido al ser que más sufría en Cuba y sobre el cual pesaba una gran desgracia: el negro esclavo. Entonces fue que realmente supe que yo era capaz de amar a los hombres».
No resultó difícil al poeta bayamés José Joaquín Palma reclutarlo para las filas del Ejército Libertador; allá por el Dátil ingresa con el grado de sargento, y se incorpora a la lucha. El propio Gómez narra lo siguiente: «Durante esa década guerrera, jamás el sol de Cuba me calentó un día fuera del campamento o del campo de batalla».
En audaz e intrépida acción, con unos pocos, mal armados y aún menos experimentados hombres, dio la primera carga al machete en la Guerra de los Diez Años en Venta del Pino o Pinos de Baire, contra una columna comandada por el coronel Demetrio Quirós compuesta por 700 hombres. Enrique Collazo, en su historia de la Guerra Grande, describe el suceso de esta manera: «(...) Gómez se lanzó al camino el primero gritando: ¡Al machete!, e introduciendo el pánico y la confusión en la columna que se retira en el mayor desorden. Desde ese día conocieron los cubanos cuál debía ser su arma típica, su mayor defensa... ¡Loor a Gómez, que fue nuestro maestro!».
Las acciones de Gómez en La Sacra, Palo Seco, El Naranjo, Mojacasabe, La Socapa, Las Guásimas; la invasión a los territorios de Guantánamo y Las Villas; su actuación al frente de la división camagüeyana a la muerte de Ignacio Agramonte; su enfrentamiento a la Creciente de Valmaseda, fueron  hechos que se inscriben en su brillante carrera militar y lo sitúan como el más destacado jefe militar con que contaron las fuerzas revolucionarias cubanas en ese periodo.
Por su autoridad y bien ganado prestigio, el Gobierno de la República en Armas le solicitó mediara en la sedición de Lagunas de Varona  y en los difíciles y aciagos días  de la capitulación del Zanjón.
Gallarda y digna fue la respuesta del General Gómez a su adversario, el general  Arsenio Martínez Campos: «No cambio yo por dinero estos andrajos que constituyen mi riqueza y son mi orgullo; soy un caído pero sé respetar el puesto que ocupé en esta revolución».
        Generalisimo Maximo Gomez su esposa y flia.
Con la paz del Zanjón vino la Tregua Fecunda y Gómez fue elegido por la emigración para liderar la intentona insurreccional de 1884-1886, conocida en nuestra historiografía como el Plan Gómez-Maceo, que suscitó aquella famosa carta de José Martí desde Nueva York el 20 de octubre de 1884, en la que dijo: «Un pueblo no se funda, general, como se manda un campamento», y concluye con las siguientes palabras: «a Ud., lleno de méritos, creo que le quiero: –a la guerra que en estos instantes me parece que por error de forma acaso, está Ud. representando– no».
El propio Martí, en septiembre de 1892, nuevamente se dirige a Gómez, para decirle: «Yo ofrezco a Ud., sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración para ofrecerle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres (...) Los tiempos grandes requieren grandes sacrificios (...) Vengo a pedirle que cambie el orgullo de su bienestar y paz glorioso de su descanso por sus azares de la Revolución, y la amargura de la vida consagrada al servicio de los hombres».
Máximo Gómez asume la responsabilidad confiada por el Delegado del Partido Revolucionario Cubano y pasa a ocupar la dirección militar de la nueva gesta que emprendieron los patriotas cubanos, la Guerra de Independencia de 1895, que sirvió para que el experimentado General demostrara su capacidad de estratega militar.
Gómez se enfrentó a un ejército cinco veces superior al que combatieron Washington y Lafayette; y tres veces más grande que todas las fuerzas que se opusieron a Bolívar, Sucre, San Martín, O´Higgins y otros próceres.
Las campañas militares desarrolladas por él durante la Guerra de Independencia de 1895 son obras clásicas del arte militar en la última mitad del siglo XIX: las acciones de Mal Tiempo, Coliseo, Calimete, la Contramarcha Estratégica o Lazo de la invasión; las campañas Circular y Lanzadera, Saratoga, Juan Criollo, el sitio y asedio a Cascorro, la Campaña de la invasión a Occidente.
Desafiar fuerzas enemigas que superaban las decenas de miles de soldados; atraerlas sobre un pequeño núcleo guerrillero y mantenerlas durante varios meses en un reducido espacio de terreno; hostilizarlas hasta extenuarlas, provocarles con la fatiga y el cansancio combinado con la rudeza del clima tropical, enfermedades hasta causarles su hospitalización y decenas de miles de bajas en tan nutridas filas; son solo el resultado del genio y la estratagema del sexagenario jefe mambí.
Fue Máximo Gómez la máxima expresión del internacionalismo en el pasado siglo XIX; temerario ante el peligro, valeroso en el combate, firme en sus convicciones, recto en sus decisiones, rudo y áspero de carácter, parco en sus testimonios, austero en sus necesidades personales; fue el maestro de los generales héroes de la patria, y profeta de gran sabiduría y alcance en su pensamiento.

Fuente: Granma.
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